Análisis de Ciencias sociales. Xeografía e historia, editorial Rodeira, grupo Edebé
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Análisis de Ciencias sociales. Xeografía e historia, editorial Rodeira, grupo Edebé

Ciencias sociales. Xeografía e historia. Editorial Rodeira, grupo Edebé 2007, ISBN: 978-84-8349-029-3.

Título:Ciencias sociales. Xeografía e historia. Editorial Rodeira,

Subtitulo: primer elemento objeto de estudio

En la página 23 de este libro podemos observar una ilustración donde se explican los puntos cardinales y donde aparece dibujada una niña cuya edad corresponde al curso de 1º ESO; por lo tanto, es una imagen adecuada, ya que muestra un referente real para las niñas y los niños de 12 años.

En la parte inferior de la página 25 podemos ver dos imágenes fotográficas y una ilustración. En esta última, situada a  la derecha, se presenta una escena sobre un suceso histórico. A continuación, se incluyen las fotografías, que plasman dos exploraciones. En las tres imágenes las figuras principales son masculinas; asimismo, en la ilustración de la izquierda se puede observar a una mujer negra en un plano secundario como una simple espectadora. 

A nivel formal, las tres imágenes muestran cinco hombres blancos y once hombres no caucásicos, así como una persona que podría ser de género femenino. En la primera imagen, de izquierda a derecha, se observa cómo los dos hombres blancos se saludan dándose la mano como iguales; como es lógico, van vestidos con ropas propias del siglo XIX y  reflejan una buena posición económica, pues uno de ellos parece que va acompañado de un grupo de porteadores de raza negra cuyos integrantes (salvo uno, que parece mestizo) van ataviados con una túnica, muchos de ellos con el torso descubierto y descalzos. La escena podría representar un mercado por la cantidad de personas que se ven y, en el extremo  izquierdo inferior, llama la atención el hombre de raza negra que está sentado y mirando a los hombres blancos desde el suelo. 

La segunda imagen, que es una fotografía, muestra una tienda de campaña y ropas de abrigo, en tanto que en la tercera imagen, también una fotografía, se puede contemplar a dos hombres que miran a cámara de forma sonriente. 

A nivel conceptual, las tres imágenes transmiten lo mismo. En primer lugar, cabe señalar que todas ellas reflejan sucesos históricos, pero aun así no debemos olvidar que la historia siempre ha estado escrita por un narrador. 

La teoría feminista ha criticado la narrativa de lo real llevada a cabo por una parte de la humanidad, evidenciando una historia sesgada e incompleta y cuestionando la estructura de dominio patriarcal en el pasado y en el presente (De la Vieja & De la Vieja, 2018). 

Partiendo de lo anterior, las tres imágenes contribuyen a reforzar estereotipos como el del hombre colonizador y aventurero,  la supremacía de la raza caucásica y  la invisibilidad de las mujeres. 

La historia, los libros de historia, están escritos en el ahora y se elaboran en el contexto de conflictos e intereses que describen la sociedad desde la que se cuenta esa historia. Aunque la historia es una ciencia, es una disciplina particular donde la elección de los o las investigadoras nunca es inocente. Una vez señalado este aspecto, resulta plausible que el modo de contar la historia no es neutral. En su ensayo en torno a la lucha entre clases sociales, Raymond Aron afirma que cada  sociedad reescribe su propia historia al tiempo que esta se va desarrollando (Aron, 1964). 

En esta misma línea, Edward Said publica en el año 2000 Invention, memory and place, de donde podemos rescatar un fragmento a propósito de la imagen que estamos analizando: “La escritura de la historia para dar su definición a un país y la identidad de una sociedad es en gran parte función de la interpretación histórica, campo en el que se enfrentan las afirmaciones que se discuten y las contra afirmaciones” (Said, 2000).

En las páginas 25/26 encontramos una fotografía de la tierra y un retrato de Santanfod Fleming. De nuevo, subrayamos lo expuesto anteriormente: si un libro de texto destinado a un niño o a una niña es un “contenedor de sabiduría” o de verdad, señaladamente con 12 años, mediante ellos se siguen vinculando los conceptos de invención y creación a la figura de género masculino y raza blanca, afianzando, por tanto, dichos estereotipos.

En la página 52 localizamos la imagen de una mujer y un buey; ambos portan una pesada carga y esto es lo que, a nivel formal, llama la atención en primer lugar. Si nos fijamos en el animal, la silla y los amarres que fijan la carga a su cuerpo son bastos y gastados, mientras que, si miramos a la mujer, vemos que su ropa es humilde y que los amarres de su carga son los mismos que usa el animal. 

Los dos realizan el mismo trabajo físico y agotador. Si nos detenemos en la carga, podemos ver mochilas de alpinistas, deportistas o turistas que sobreentendemos que pagan por los servicios de ambos. En este caso, a diferencia de las imágenes de las páginas anteriores, la mujer realiza un trabajo de subalterna, más aún, el mismo que realiza un animal; por lo tanto, de forma oculta esta publicación no solo está afianzando lo ya indicado anteriormente, sino también posicionando el lugar de la mujer.

En las páginas 102-103 encontramos dos fotografías. En la página 102, vemos un hombre con peces en la mano que se sobreentiende que él ha pescado, mientras que en la otra imagen se muestran tres personas, un hombre, una mujer y un niño o una niña. A nivel descriptivo, esto es lo que observamos en las fotografías, pero los subtextos nos proporcionan más información. La fotografía de la página 102 es de un pescador y, por lo tanto, es la persona que provee de comida, quien posibilita que otros y otras puedan comer, afianzando de nuevo la idea del hombre como sujeto necesario para algo tan básico como es la alimentación, la persona que caza o pesca y cubre las necesidades básicas, lo que le otorga poder entre los o las que no lo hacen, el que alimenta a la comunidad y, por consiguiente, tiene más peso y poder en ella. 

En la página 103 observamos cómo el niño o la niña es abrazado y sostenido por la mujer que, por consiguiente, se ocupa de los cuidados. Ambos miran cómo el hombre amasa harina; él enseña cómo hacerlo mientras ella sujeta al bebé para que no caiga. De este modo y de forma oculta, se plasma a una familia en la que existen roles (él enseña y trabaja, mientras que ella cuida), una familia heterosexual. 

Lo que se transmite al alumnado con estas imágenes es que los hombres proveen de alimento y las mujeres sustentan los cuidados, además de reproducir un modelo familiar muy concreto. 

Para analizar de forma crítica estas imágenes hay que recurrir a Darwin y a Dios. Dios crea a Adán y, posteriormente, a Eva a partir de su costilla. Darwin defiende que la caza (una tarea que no resulta sencilla, pues requiere de cooperación, coordinación y, por lo tanto, de planificación intelectual) era una tarea masculina. En 1874, en una revisión de su obra, indica que los hombres llevaban la caza a las hembras y que, por consiguiente, no eran sujetos activos, sino pasivos. Paralelamente, analiza a las mujeres de la burguesía victoriana, observando cómo permanecen aisladas en los espacios del hogar dedicadas a tareas menores como las domésticas; así, incorporando esto a sus teorías sobre las sociedades paleolíticas, establece que las cualidades de las mujeres se crearon en la prehistoria y, por lo tanto, son innatas y naturales en la formación del carácter de las personas de género femenino. 

Estas ideas se considerarán verdades hasta bien entrado el siglo XX, si bien en la actualidad este tipo de discursos sobre la inferioridad de las mujeres a nivel físico e intelectual todavía siguen calando en nuestra sociedad. 

Hasta 1970 no se empieza a hablar de coeducación, de modo que no se cuestionan aspectos como, por ejemplo, el sexismo de la lengua española, que establece como género neutro el masculino y, por lo tanto, invisibiliza a la mujer en el ámbito de la palabra. De esta manera, se podría plantear un símil con la teoría darwiniana de lo masculino visible y activo y la mujer invisible y pasiva. Todos estos aspectos y sus implicaciones resultan relevantes a la hora de analizar los libros de historia, su texto, su subtexto y lo que, en definitiva, transmiten. 

En el ensayo de Ángeles Querol se indica que los relatos sobre los orígenes humanos, independientemente de que dispongamos de infinidad de teorías y escritos sobre cómo han sido las relaciones duales, se exponen en los libros como una división de roles apoyándose en discursos que no poseen ninguna base científica. En cambio, durante muchos años, e incluso ahora, se utilizan imágenes como las que estamos analizando donde se plasma la supremacía del hombre frente a la mujer en base a teorías como la superioridad física o el sexo a cambio de alimentos. 

En las imágenes que nos ocupan, al margen de que el libro en cuestión haya sido editado hace unos años, podemos constatar que, cuando se aborda la representación de formas de vida en otras culturas, se sigue la línea del subtexto de antes de los años 70.

En las siguientes imágenes, encontramos varias fotografías en las que se pueden ver a dos hombres hablado en el desierto, a una niña de muy corta edad llevado agua en la cabeza en una zona desertificada, a una mujer y a tres adolescentes en medio de la devastación y las inundaciones provocadas por un huracán que afectó a distintos países latinoamericanos, a una mujer y a un hombre de raza asiática cruzando una carretera destrozada por un terremoto, a un grupo de jóvenes agricultores de raza negra cogiendo agua de una fuente para regar los campos a mano y, en la misma página, una ilustración titulada La ciudad sostenible, donde se señalan las energías renovables y todo tipo de edificios sostenibles, donde no se ven coches porque se utiliza el transporte público, donde se recicla y abundan los espacios verdes y donde las personas que son reconocibles en la ilustración reflejan la diversidad funcional, pero no racial, ya que esta ciudad ideal sostenible solo es habitada por ciudadanos de raza caucásica. 

Resulta significativo este último aspecto a la hora de cuestionar las imágenes anteriores, ya que el subtexto puede indicar qué tipos de habitantes viven en qué tipos de ciudades, lo que nos permite reflexionar sobre la representación de la raza.

En las siguiente página, se muestran tres personas realizando diferentes tareas: un hombre con traje leyendo, una mujer joven lavándose los dientes y una mujer de más edad haciendo la compra en una gran superficie. Este sería el análisis objetivo de lo que vemos, pero si profundizamos en las acciones que desempeña cada uno, concluimos que, mientras que el hombre está realizando una actividad intelectual, la mujer joven lleva a cabo una tarea de autolimpieza y cuidado de su cuerpo y la mujer de edad avanzada una tarea de cuidados.

En la página 144 se incluye una imagen del Holocausto en donde se puede ver a un grupo de gente compuesto mayormente por niños y niñas y por unas mujeres que sostienen a los más pequeños en brazos; una vez más, si aislamos el componente histórico, contemplamos una acción de cuidados realizada por parte de las mujeres.

En la página 146 vemos a una investigadora estudiando unas ruinas y, en las sucesivas ilustraciones, se explican las distintas fases de una investigación. Se trata de la primera imagen en donde una representación de una persona de género femenino está llevando a cabo una actividad intelectual. 

En la ilustración de la página 147 contemplamos otro tipo de escena, un niño y una niña jugando y una mujer realizando tareas domésticas, cuyo subtexto confirma los roles de género que, en general, nos han trasladado las imágenes del libro.

Analizaremos estas imágenes en grupo, aunque nos detendremos en cada una para describir las distintas ilustraciones. 

En la página 152, observamos cómo se disecciona el cuerpo de un mono y las similitudes que guarda con un humano; asimismo, los ejemplos que se muestran corresponden a especímenes masculinos. De hecho, cuando se ven músculos y huesos en ilustraciones sobre el cuerpo humano, no es común que se realicen sobre cuerpos de sexo femenino; de esta forma, a las niñas y los niños se les sesga en la educación obligatoria la información relativa a las diferencias biológicas del cuerpo de sexo masculino y de sexo femenino, tan solo se les muestra uno de ellos como genérico, limitando así su conocimiento y, más concretamente, el autoconocimiento de su propio cuerpo a las niñas. 

En la página 153 encontramos un conjunto de ilustraciones en las que se muestra la evolución de los homínidos hasta el homo sapiens y donde se reflejan ambos sexos e incluso se sitúa a la mujer por delante del hombre. No obstante, cabe señalar que, a medida que avanza la evolución, el cuerpo de ambos sexos es cubierto sin ningún rigor histórico, lo que nos permite intuir que se debe a una cuestión relacionada con el puritanismo que permanece enquistado en nuestra sociedad.

Finalmente, en la página 154 contemplamos una imagen de caza donde se pueden ver cuatro figuras humanas que responden a personas de sexo masculino. Subrayamos, de nuevo, lo indicado anteriormente sobre los roles, que son representados en función del género una vez más.

 

 Conclusiones 

“El género no es simplemente performativo (es decir, un efecto de las prácticas culturales lingüístico-discursivas) como habría querido Judith Butler. El género es, ante todo, prostético, es decir, no se da sino en la materialidad de los cuerpos. Es puramente construido y, al mismo tiempo, enteramente orgánico. Escapa de las falsas dicotomías metafísicas entre el cuerpo y el alma, la forma y la materia. El género se parece al dildo. Porque los dos pasan de la imitación. Su plasticidad carnal desestabiliza la distinción entre lo imitado y el imitador, entre la verdad y la representación de la verdad, entre la referencia y el referente, entre la naturaleza y el artificio, entre los órganos sexuales y las prácticas del sexo. El género podría resultar una tecnología sofisticada que fabrica cuerpos sexuales”. (PRECIADO, 2002, p. 25).Garnica, Naím. (2018) 

El trabajo que aquí se presenta es un proyecto en el cual se seguirá trabajando. Desde que se ha abordado, se ha ido  descubriendo múltiples capas superpuestas que han obligado a dejarlo en su primera fase, si bien se ha considerado oportuno elaborar un proyecto sobre los distintos pasos que se han de llevarse a cabo posteriormente, ya que, trabajando dentro del mundo de la educación y de la cultura, es  muy peligroso el poder que, mediante la herramienta de  la ideología, está presente en el día a día de los niñes sin que elles ni sus docentes se den cuenta, en tanto que lo que más preocupa a los políticos y políticas encargados de los sistemas educativos imperantes es lo que determine un estudio denominado PISA. 

Ni padres, ni madres, ni docentes nos percatamos de que el propio sistema educativo es un producto publicitario que convierte a los ciudadanos y las ciudadanas en clientes, condicionando su pensamiento y dirigiendo y sesgando su opinión crítica; eso sí, en matemáticas obtienen buena nota.  

Una sociedad que no piensa es una sociedad abocada a desaparecer. Es muy importante que seamos conscientes de cómo educamos e inculcamos ideología a las personas. 

La educación como sistema es una herramienta poderosa que se enquista y se repite como un mantra en la cabeza de los niñes. La hija de tres años de una amiga llegó un día del colegio repitiendo una canción que decía “La pata y el pato tuvieron patitos…  “, una letra aparentemente inocente, pero que, en cambio, comunica que solo el pato y la pata pueden unirse y tener patitos y que la finalidad de que se unan es, precisamente, engendrar patitos. Así, desde los tres años, se los/las dirige hacía lo tradicional y lo heterosexual. 

Por ello, es interesante seguir trabajando en este proyecto para que docentes, directivas educativas y, en un futuro, editoriales de contenidos didácticos trabajen en la misma línea: construir un mundo mejor, es decir, plural, libre y diverso. 

 

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